Ana y Gonzalo ya nos habían confiado su casa en el Matarraña. Cuando llegó el momento de dar forma a su bodega, la conversación fue natural: conocíamos su mirada, su relación con la tierra y la pasión enológica que Gonzalo había convertido en proyecto de vida.
El encargo era claro: un edificio funcional, honesto, que supiera estar en el paisaje sin imponerse a él. La respuesta fue una arquitectura de gestos precisos. La estructura de madera, el metal de los cerramientos y la teja cerámica de la cubierta no son una elección estética sino una declaración de pertenencia: los mismos colores y texturas que el entorno del Matarraña lleva siglos acumulando. El vuelo generoso de la cubierta protege y da escala; el interior, diáfano y bien resuelto, responde a cada fase del proceso vinícola.
El detalle que lo dice todo está en los pilares: bifurcados en forma de horquilla, evocan las cepas del viñedo que rodea el edificio. La bodega no imita la naturaleza, pero la cita con precisión. Desde EstudioC entendemos que la mejor arquitectura agraria es la que el agricultor ya imaginaba antes de que llegáramos.
Bajo el nivel del suelo, la sala de barricas y ánforas completa el programa con una atmósfera más íntima: hormigón visto, luz lineal y el silencio propio de los espacios donde el tiempo trabaja.
Valderrobres, Teruel.
2024
Colaboración de todo el equipo de EstudioC (ingeniería y arquitectura)
Excavaciones Tomás Guimerá S.L.
Encofrados Alcano S.L.
Cutecma S.L.
Torneados Fuentespalda
Talleres Molinos
Instalaciones Instalem
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